El arte de identificar rostros

Jorge Barón Biza y Rosita Halac | 10 de Octubre de 1999|

Los retratos “hablados” o los fotofits son algunas de las técnicas para identificar a una persona mediante la descripción del rostro. Usados generalmente por la policía, sirven también para encontrar personas extraviadas. La perspicacia del testigo y la habilidad del técnico son fundamentales.


A medida que el ser humano fue perfeccionando su código de ropas, la identidad se refugió y concentró en el rostro. La ropa cubre el cuerpo y expresa la identidad social: traje y corbata o ropa sport, cuello blanco o azul, ropa de marca o estándar. Lo personal se refugia en los rasgos. Nuestra identidad visual está a la vista. Todos tenemos un “rostro inolvidable” si el observador es bueno. Como prueba, los grandes retratistas de la historia de la pintura que convirtieron en inmortales a modelos que no dejaron huellas en la historia, seres aparentemente comunes.

Para buscar personas, la policía también recurre a técnicas que bordean el arte. El “retrato hablado” es la más sencilla y la que más habilidad requiere: el testigo describe lo que recuerda y el dibujante realiza las palabras hasta que el testigo afirma que el retrato es muy parecido a sus recuerdos. Pero en la Policía de Los Ángeles, allá por la década del ’40, un jefe de la sección de Servicios Técnicos de Identificaciones llamado Hugh McDonnald inventó un método más preciso: catalogar aisladamente los rasgos. “No podía creer la cantidad de ojos, mentones y narices que existen…”, comentó el mismo McDonnald. Finalmente de 50 mil fotos se extrajeron 500 fichas básicas, que fueron codificadas con números y letras, y distribuidas en las reparticiones policiales. De esta manera, cada vez que se confeccionaba un identikit, bastaba con difundir el código alfanumérico para que en cada comisaría pudiesen rearmar el rostro aunque nadie supiese dibujar. A este rompecabezas de la fisonomía, se agregaron después los servicios de la computación, pero aun así, la puntada final, el toque identificatorio, lo pone el dibujante técnico.

 

Nada es igual 

Cuando el identikit se exportó a otros países, saltó a la vista que las fisonomías no son iguales en todas las latitudes. Las fichas de McDonnald servían de poco en Uganda o Laos.

El próximo paso fue el fotofit, fotos de los distintos rasgos, en lugar de dibujos. En el Departamento Scopométrico de la Policía Federal existe un archivo con 204 formas de cabezas, 88 mentones, 103 formas de ojos, más de cien narices y bocas, 10 barbas, 19 modelos de sombreros y quince tipos distintos de arrugas (para horror de las damas). Por supuesto, un país de formación inmigratoria multiétnica como la Argentina, ofrece una variedad de rasgos casi inimaginable en otras regiones más cerradas a las corrientes de la historia. Aquí se hallan caras de Europa, Cercano Oriente, sedimentos aborígenes o de las corrientes de esclavos, que entre los siglos XVII y finales del XX fue muy considerable. Más recientemente se agregaron asiáticos y latinos de países limítrofes. Los sistemas sociales imperantes permitieron una mezcla muy libre comparada con los de países de castas rígidas. El resultado es una variedad de rasgos que puede ser el deleite de un artista, pero puede desconcertar a un dibujante técnico.

 

Igualito, igualito

A veces, a medida que el rostro se va conformando en la lámina, los testigos –si han pasado por una experiencia delictiva traumática-, se impresionan tanto por el parecido, que rompen en llanto o se atemorizan a la larga y dejan de colaborar.

“Esta profesión combina los conocimientos de dibujantes, investigadores policiales y trabajadores sociales –dice Julio Moyano, jefe de la sección Reconstrucción Gráfica del Rostro, de la Policía Judicial de Córdoba-. La interrogación debe ser formulada con cordialidad y es primordial que el testigo se encuentre cómodo y no hayan interferencias que puedan desconcentrarlo”.

En Córdoba se usó el retrato hablado, el identikit, y el sistema Calibar, creado en 1974 por el oficial principal Herz Parlanti, adaptado a las características morfopigmentarias propias de las poblaciones de esta provincia.  El equipo de ocho personas de Reconstrucción Gráfica está permanentemente en contacto con fiscales y dependencias de la Justicia para informarse de las necesidades de las otras reparticiones y resultados del trabajo realizado. Además, el equipo incluye mujeres para atender los casos privados, especialmente violaciones, en los cuales la víctima se siente mejor si habla con otra mujer. “La función del técnico no es sólo dibujar lo que se dicta, sino que debe recabar información que trascienda lo que es un rostro, para lograr un resultado más completo”.

 

Arte, antropología, anatomía y paciencia  

“Siempre me gustó dibujar –dice G.P., uno de los miembros del staff de Reconstrucción-; soy egresado en dibujo artístico y cuando era chico hacía retratos a familiares y gente conocida. Ahora, hace cinco años que me desempeño en la Policía Judicial”.

El trabajo de G.P. puede complicarse hasta lo impensable. Cuando hay más de un testigo, pueden surgir discrepancias y aun contradicciones. Además, mucha información está tamizada por el terror de una experiencia victimizante. En algunas ocasiones, los técnicos deben admitir que no hay información suficiente e informar que no se poseen las características morfológicas.

“Es un trabajo de dibujo artístico que se combina con conocimientos de anatomía. Por ejemplo, si una persona es obesa, su cara será necesariamente más ancha, o si el testigo te habla de una persona delgada de 40 años, uno tiene que tener presente las arrugas propias de esa edad y que a una persona delgada se le marcan más que a un obeso, aunque la descripción no haga referencia a ellas. Las fichas son sólo una base”.

 También es necesario aplicar algunos conocimientos de antropometría, puesto que cada etnia tiene determinadas características.

Para guiar al testigo se le muestra un panel con distintos tipos de cara, ya que algunas personas se orientan mejor visualmente que por medio de descripciones, sobre todo en caso de niños. El panel se exhibe en la sección, como primera guía para los testigos. La finalidad es no confundirlo con una cantidad enorme de rasgos. Después se hila más fino.

“Nada se descarta; todo se pregunta. Y todo tiene una armonía y proporción. Un rostro alargado posee más largos los rasgos en la cara; otro más gordo los tiene más comprimido en el centro… Uno desarrolla paciencia para darle a la persona el tiempo que necesita. Si el testigo está muy nervioso, le pedimos que regrese en otro momento. Se trabaja mejor cuando la persona está tranquila, aunque no es lo mejor demorar porque a medida que pasa el tiempo el recuerdo se hace más impreciso”, dice G.P.

Una reconstrucción puede llevar de 40 minutos a hora y media. La sección realiza un promedio de seis retratos diarios. Se remiten cuanto antes a la repartición que lo solicitó, pero no se lo puede hacer público sin orden del juez. A veces, la comisaría envía unos días después una foto de la persona buscada para que en Reconstrucción puedan comprobar el parecido.

“Hay una faceta artística, pero no se inventa un retrato. Es necesario ver lo que el testigo vio, no motivaciones propias porque quede más lindo. Hay que aceptar y borrar con mucha paciencia”, asegura el especialista. 


“El arte de identificar rostros”, Jorge Baron Biza y Rosita Halac, en suplemento Temas de La Voz del Interior, Córdoba, 10 de octubre de 1999.

 

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