Yoko Ono. El artista y el honor

Jorge Barón Biza | 18 de Octubre de 1998|

La trayectoria de la viuda de John Lennon la acredita como una artista importante que estuvo en los principales momentos de la vida de Fluxus, grupo de principios cambiantes pero cuya influencia en el arte de dos décadas es indudable.


Generalmente se asocia a la japonesa Yoko Ono con el funeral de los Beatles. Como a la viuda que precipitó el torbellino de la muerte del grupo. O simplemente la partenaire de John Lennon. Pero su paso por Buenos Aires, para inaugurar dos muestras con sus nuevas creaciones (en Recoleta y en el Museo de Arte Moderno) mueve a correr el velo del prejuicio y la desinformación. A puntualizar verdaderamente el destino y orientación de su coherencia artística.

En 1963 el artista Ben Vautier, en el marco del Festival Mundial de Arte Fluxus Total, en Niza, Francia, trató de resumir los principios del grupo en 12 puntos: 1) una actitud frente al arte, 2) favorable a la importancia de lo no importante, 3) favorable a los detalles de la vida, 4) el único movimiento artístico capaz de morderse la cola, 5) más importante de lo que usted cree, 6) menos importante de lo que usted cree, 7) malograr un espectáculo, 8) leer el periódico de otro a través de un agujero hecho en el propio, 9) dormir y roncar durante un concierto de Stockhausen, 10) arrojar 20 litros de aceite sobre el escenario del ballet Gisele, 11) Vostell cuando explica historia del arte, 12) Brecht (el artista fluxus George B., no Bertolt) cuando evita la historia del arte.

En resumen, no parece muy alentador ni coherente.

Para encontrarle sentido, hay que remontarse a los orígenes del movimiento. Varios países se lo disputan por razones de prestigio. Pero parece indudable que el grupo Gutai de Tokio, dirigido por Yiro Joshihara, estuvo en la génesis, allá por el 55.  En Gutai no había personalismos: todos firmaban Gutai. Muy arraigados en las tradiciones japonesas, buscaban recuperar la violencia a través del cuerpo y la práctica de la caligrafía, una base muy parecida a la que se estaba gestando en el expresionismo abstracto norteamericano.

Las fusiones empiezan cuando Gutai reconoce la influencia del francés Mathieu, el español Tapies, el norteamericano Pollock y el rosarino Fontana. Casi todos estos artistas viajan a Tokio entre el ’57 y el ’59 y se produce una rica acción intercultural con el aporte zen del lado japonés y la euforia libertaria de la posguerra occidental. Estos contactos fueron un paso en la dirección de la reconciliación y la sanación de las heridas de guerra: eso es la cultura.

 

Incorporación

A este grupo se incorporó, en el ’62, Yoko Ono. Su presencia en los principales momentos de Fluxus es indudable e importante. No estuvo entre los teóricos de primera línea: George Maciunas, Nam June Paik, el músico John Cage, Claes Oldenburg, La Monte Young, pero inmediatamente después de ellos vienen Ono y otros artistas importantes. Su inserción se facilitó por el hecho de que fuese bicultural y tuviese un loft en Nueva York, en 112 Chambers St., entre Tribeca y Lower Broadway, una zona que en aquellos años tenía un aspecto muy distinto al de hoy, después de la construcción del World Trade Center. En su loft se organizaron conciertos y exposiciones.

 

Lo que sugiere

La música fue siempre importante en Fluxus, una música muy impregnada de budismo, en la que es más importante el sonido que sugiere lo que no se oye. Pero en este período, y sobretodo después de los viajes de Maciunas a Europa y la incorporación del alemán Beuys, el grupo se politizó y se tornó muy constestatario.

Fue Allan Kaprow, con su rescate del movimiento corporal armónico y de los objetos cotidianos, quien alejó al grupo de la influencia de la filosofía existencialista europea. En el ’62 habían organizado en Londres el Festival de Misfits (malogrados). En el 63’, Beuys organizó el Festival Fluxorum en Düsseldorf, lo que le valió ser echado por Maciunas.

Varios artistas de Fluxus dedujeron entonces, de la simple mecánica de las fiestas de amigos, un espectáculo de tipo teatral, pero sin intriga ni acción, un “fluir” de la realidad imprevisible pero continuo (al cual no era ajena la tradición japonesa del No) por oposición a las bruscas rupturas del happening. En el ’67, durante el congreso en Londres Destruction in Art Simposium, se produjeron serios disturbios. París en mayo del ’68 contó con los espectáculos de Fluxus.

En esta época, la gente del grupo procuraba superponer la plástica y la acción. Desde un magma confuso, ya había producido hechos y teorías fundamentales para otros movimientos: el teatro caallejero, la música electrónica, la cultura popular, los multimedios, los happenings (aunque en un principio Fluxus mantuvo la separación de espectadores y actores, diferencia borrada por los happenings), el arte conceptual (la primera vez que se menciona el término es en una recopilación de documentos de Fluxus de 1963), el gestualismo y el brutismo, se beneficiaron con las experiencias del grupo, muy marcado en ese período por el internacionalismo. Beuys habló de un “caos benéfico” y Cage de un arte “sometido al azar y la impremeditación”. Quizá esta materia confusa y contradictoria fue la clave de la riqueza de logros.

A comienzos de los ’70, se organizó el Fluxus Year en la Universidad de Exter, Reino Unido. Era una recapitulación de lo hecho. Era el comienzo del fin. A partir de entonces se historizó y sufrió de una artritis paralizante progresiva. En el ’90 fue homenajeado con Ubi Fluxus, en la Bienal de Venecia, curada por el famoso crítico italiano de la transvanguardia, Achille Benito Oliva. En el 93, la catástrofe: el museo de Minéapolis organiza “In the spirit of Fluxus”. Fluxus en el museo. El fin

 

Presencia

Yoko Ono estuvo presente en todos estos acontecimientos miliares. Los de la alegre juventud del grupo y los del anquilosamiento. Presentó objetos y filmes – Nº4 Bottom, en Venecia -. Sus pinturas eran en realidad instrucciones para realizar una pintura. Yoko Ono mantuvo siempre una conducta coherente con el grupo, no usó jamás su publicitado casamiento ni a su esposo para promover su carrera artística. Tampoco echó mano a los discos que grabó con John y las ventas increíbles de los Beatles (nueve millones de discos de Abbey road en 1969, el año del casamiento). Se puede decir que la pareja Lennon-Ono es exactamente lo opuesto de la pareja pop Koons-Cicciolina. La descarada venta de los amores de Koons está en las antípodas de la rebelde y fértil actitud de Ono, que quizá mató a la gallina de los huevos de oro por conservar sus protestas juveniles. Tampoco Lennon la sacó barata. Recibió amenazas de deportación y aún hoy su muerte tiene sombras. El idilio no fue la perfección que hoy se esboza: hubo separaciones, períodos tormentosos, pero llegaron juntos a lo que la vida les concedió. Honor a ambos.

 

“Si quemas la silla…”

“Creo que es posible ver una silla tal como es. Pero si quemas la silla, de pronto comprendes que la silla en tu mente no se ha quemado ni desaparecido. El mundo de lo construido parece ser el más tangible, y por lo tanto, definitivo. Esto me puso muy inquieta. Comencé a preguntarme se era realmente así.

¿No es una construcción el comienzo de algo, como una semilla? ¿No es acaso un segmento de una totalidad mayor, como la cola de un elefante? ¿No es acaso nada más que algo que está por emerger – todavía no completamente estructurado – , nunca completamente estructurado, como una iglesia sin terminar con un techo de cielo?” (Yoko Ono: To the Wesleyan people, 1996, publicado en Grapefruit, y reimpreso con una introducción de Lennon (Ed. Simon and Shuster, Nueva York, 1970)

 

“En realidad, quise separar a los Bee Gees”

Al ser entrevistada por el periodista-animador Roberto Pettinato, Yoko Ono reforzó la idea de que no separó a Los Beatles sino que fue el “chivo expiatorio” para fundamentar el dolor que significó esa ruptura. Y se permitió considerar que la música del grupo “aún es increíble”. Ono blanqueó que en el momento de la disolución, salvo su esposo John Lennon, los otros tres integrantes del grupo, Paul Mc Cartney, George Harrison y Ringo Starr, “sólo querían divertirse. En todo caso me pueden culpar de haber intentado separar a los Bee Gees”.

La artista japonesa estuvo de visita en nuestro país para apoyar sus muestras plásticas “En trance” y “Ex it”, que aún permanecen en el Centro Cultural Recoleta y el Museo de Arte Moderno de Capital Federal, respectivamente.

La primera está formada por las instalaciones Blue room, Cleanin piece, Wish tree y Play it by trust (inspiradas en el diseñador vienés Josef Hoffman). “Ex it”, en tanto, consta de 100 féretros de madera (60 para hombres, 30 para mujeres y 10 para niños), sencillos, sin adornos y hechos toscos y populares, como los que se alinean en los campos devastados tras una catástrofe o de una batalla. En el renglón música, Ono también es una artista plena y respetada. Su último disco es Rising y data del ’96. Fue grabado junto con IMA, la banda de su hijo Sean.


“Yoko Ono el artista y el honor”, La Voz del Interior, sección Artes y Espectáculos, Córdoba, 18 de octubre de 1998.

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