Los autorretratos de una mujer solitaria

Jorge Barón Biza | 24 de Septiembre de 2000|

La pintora nacida en México en 1907, tuvo una vida atormentada que quedó reflejada en muchos de sus cuadros. Fue esposa del célebre muralista Diego Rivera. Murió en 1954.


La pretensión hollywoodense de filmar dos películas sobre la vida de Frida Kahlo revela algunas estrategias de la cultura globalizada. Rinde más concentrarse y aun repetirse sobre figuras míticas, que multiplicar las miradas para facilitar la comprensión de los acontecimientos históricos y estéticos. Al superponerse, las publicidades y el merchandising se potencian.

La apuesta es en este caso todo a Frida, nada a las otras mujeres muy fuertes que le dieron un tinte femenino a la modernidad mejicana, y que la Argentina de la manteca al techo no tuvo en igual medida (quizá, la falta de mujeres muy carismáticas en la cultura permitió que desde la política Eva Perón golpeara y ocupara un campo casi vacío). La fotógrafa italiana Tina Modotti, y las pintoras Dolores Varo, española, Leonora Carrington, inglesa, y la mejicana María Izquierdo, tienen cada una en sus obras y biografías material más que interesante para una película.

 

El mito y el chisme

Las biografías solían ser interesantes en tiempos de la modernidad, cuando la historia no se había muerto. Magdalena Carmen Frida Kahlo y Calderón conoció a Rivera en el ’29. No fue un año tranquilo: el fin de la guerra cristera, la fundación del Partido Revolucionario, los alzamientos militares. Cuando ese año el pintor cordobés José Malanca escribe sus notas a La Voz del Interior, no recuerda el día exacto en que llegó por primera vez a México, en marzo de 1929, pero sí recuerda que los diarios anunciaban el fusilamiento del general Aguirre (21 de marzo).

También la vida privada de Frida fue movidita. Los testimonios y los rumores abundan en episodios muy fuertes: las infidelidades recíprocas, la bisexualidad de ella (quizá Dolores del Río, Paulette Godard, Georgia O´Keeffe), el dolor, el alcohol, la droga. A partir del mito-chisme, una cortina de intereses y cotización dificulta el estudio ecuánime (la primera latinoamericana en pasar el millón de dólares; una simple tinta de 28 por 30 centímetros se vendió un año atrás en 40 mil dólares en Sotheby’s de Nueva York). El fetichismo suplanta a la crítica.

Uno de sus cuadros (pintó cerca de 200) la muestra suspendida entre México y Estados Unidos, con un trasfondo en el que, de un lado se acumulan las formas geométricas de una tecnología inhumana, y del otro las orgánicas de un humanismo impotente. La pintora estuvo siempre en los límites de la vida, por su salud, su imposibilidad de tener hijos (hay varios autorretratos de ella con monitos), sus intentos de suicidio y su probable suicidio (escribió en su último cuadro “Viva la Vida” y lo fechó con el día de su muerte, pero una semana antes).

 

Una ingenuidad sanguinaria

El arte de Frida es limítrofe. Con una técnica que se sitúa entre el realismo ingenuo y la más sanguinaria fantasía, desafía los épicos murales de su esposo con la lírica de una pintura de caballete. Frida Kahlo forja su estilo en espacios tenues entre los dogmatismos realistas y socialistas del Partido y una mejicanidad vital y un poco kitsch; entre la encarnación exótica de un personaje de la alta sociedad (tapa en Vogue, cena con Picasso, vestido de tehuana) y la soledad de años de hospital.

Como Courbet (14 autorretratos), Cézanne (20), Van Gogh (41), Frida se instala en el género desde la soledad, no desde el narcisismo. Pero mientras los franceses emplean el género para interrogarse sobre la pérdida de identidad, Frida lo usa para afirmarse en sus experiencias. 

Otra vez en el límite, Frida recibe el autorretrato como género de investigación psicológica masculina, y lo devuelve convertido en instrumento que libera del viejo concepto de belleza femenina, que convertía a las mujeres en portadoras del aura vinculada con el deseo. Pero Kahlo está otra vez en un límite: después de ella el autorretrato deja de practicarse regularmente. Con ella, el autorretrato empieza su evolución hacia el transformismo, el descuartizamiento y la destrucción.


“Los autorretratos de una mujer solitaria”, en La Voz del Interior, Córdoba, 24 de septiembre de 2000.

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