La Exposición de 1960 del Museo de Arte Moderno

Jorge Barón Biza | 1993|

En el marco de los festejos del Sesquicentenario, el museo de Arte Moderno de Buenos Aires organizó la 1º Exposición de Arte Moderno, muestra que presentó al gran público las variadas tendencias que sacudían al arte internacional y nacional en aquellos años. De Kooning, Appel, Kline, Pollock, fueron algunos de los nombres que prepararon el terreno para la gran explosión artística de la década del 60 en Buenos Aires.


En 1960 la vanguardia argentina era todavía, para los no iniciados, el Grupo de París, con Forner y Basaldúa como representantes característicos. Si bien el terreno había sido abonado en los cuatro años anteriores por la acción de algunos artistas audaces y los pocos críticos que los apoyaban, sólo con la muestra del Sesquicentenario organizada por el Museo de Arte Moderno encontraron las nuevas tendencias un reconocimiento franco que les permitió fructificar en los años siguientes.

En 1956 se había creado el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires y se nombró director al crítico Rafael Squirru. La flamante institución no era más que un trozo de papel, sin sede y sin presupuesto, hasta el punto que lo llamaban ‘el museo fantasma’. Cuando André Malraux visitó la Argentina pidió conocer su museo de arte moderno, ante lo cual el director del ‘museo fantasma’ contestó: ‘Le musée c’est moi’, e inmediatamente se ofreció a acompañarlo por las galerías partidarias del arte contemporáneo. Así Malraux pudo apreciar el Grupo del Sur, en Peuser; Clorindo Testa, en Bonino; y otros artistas que traían novedades en sus pinceles. La recorrida impresionó tanto a Malraux que antes de partir declaró: ‘Yo creía que el arte latinoamericano más moderno estaba en México; ahora opino que está en Argentina’.

Estas declaraciones fueron publicadas y causaron sensación en el mundillo artístico. Hasta entonces, cuando se quería promover el arte contemporáneo se importaban muestras de creadores extranjeros, algunos de la talla de Vasarely. A partir de la visita de Malraux, quedó bien claro que los creadores también estaban aquí.

La primera medida de Squirru fue pedir a un grupo de importantes galerías que sentían afinidad por las nuevas tendencias que organizaran exposiciones anuales dedicadas a las expresiones contemporáneas. Entre las que apoyaron la iniciativa estaba Witcomb, Peuser, Lirolay, Van Riel. De esta manera se preparó el terreno para que en 1958 se inaugurara en la antigua sede del Museo Sívori – una casona hoy demolida por la ampliación de la avenida 9 de Julio – la Primera Muestra de Arte Moderno Rioplatense, en la que pudieron exhibir artistas concretos, madí, de los grupos Espartaco y del Sur, informalistas. También fue muy importante la exposición informalista que en 1959 se presentó en la galería Van Riel, en la que por primera vez se reunieron artistas de la talla de Kenneth Kemble, Olga López, Alberto Greco, Fernando Maza, Towas o Luis Wells.

Había una atmósfera de entusiasmo que envolvía por igual a críticos, funcionarios, galeristas y artistas. Todos juntos salían por las noches a pegar los carteles que anunciaban las exposiciones. El Museo de Arte Moderno no sólo organizaba exposiciones, también conseguía donantes que compraban obras para el Museo. Rosine Bemberg, Agustín Vita, Mercedes Leloir de Patrón Costa y otros destacados aficionados al arte contemporáneo aportaron la base para el patrimonio de la institución. También todo el personal –cuatro seres humanos– donaba su aguinaldo para comprar anualmente una obra. Así ingresaron trabajos de Towas y Greco en la colección en ciernes. En cambio, nunca se permitió que los artistas donasen obras, para no desvalorizar su trabajo y no desvirtuar la colección.

A pesar del entusiasmo, el ambiente era sin embargo, de aislamiento, hasta el punto que Alberto Greco llegó a escribir en una dedicatoria: ‘A Rafael Squirru, porque uno tiene la sensación que es el único que nos mira’.

De esta manera se llegó al 60, a la gran muestra que, junto con los festejos del aniversario patrio, inauguró la sede propia del museo, en el Teatro San Martín. La muestra ocupó todos los espacios públicos del Teatro, incluida la planta baja, en cuyo gran hall se instalaron las esculturas. El director del museo logró que las embajadas de los países más representativos del arte contemporáneo enviasen con gastos a su cargo, obras de nombres de la talla de Mark Tobey, William De Kooning, Le Corbusier o Jackson Pollock, muchos de los cuales se mostraban por primera vez en estas latitudes. En cuanto a la selección de artistas locales, se hizo por un comité de críticos formado por Samuel Oliver, el mismo director del museo y otros. El criterio fue amplio, de manera que no sólo estaban representadas las tendencias contemporáneas, sino también las que las habían precedido, dando así un panorama que permitía trazar reveladoras filiaciones que mostraban al arte como un proceso homogéneo bajo una aparente y desconcertante diversidad. Cabe destacar que como las obras estaban presentadas por tendencias, muchos nombres que después constituyeron escuelas –como la Nueva Figuración– aparecieron juntos en la muestra, antes que la historia del arte los reuniera definitivamente.

La concurrencia fue enorme y sorprendió no sólo por la cantidad sino por la buena disposición que mostraba hacia tendencias que en ese momento luchaban contra la incomprensión general en otras latitudes. La tarea de los años previos había dado sus resultados. El efecto también se hizo sentir en el mercado de arte. De una clientela de coleccionistas, por lo general maduros, se pasó a un público no comprador pero degustador, y muy joven. El impacto se extendió a todos los aspectos visuales de la sociedad argentina y con el tiempo, la publicidad, los medios y el gusto incorporaron las novedades. El impulso que recibieron las artes contemporáneas con la muestra de 1960 no se perdió. Entre otras instituciones, el Instituto Di Tella fue el continuador más conocido en la tarea entonces ardua de imponer el arte contemporáneo.

 

Artistas Argentinos en la Muestra

Aciar, R. Aizemberg, C. Alonso, J.C. Badarraco, L. Barragán, E. Barbieri, R.J. Bardi, E. Barilari, H. Basaldúa, J. Batlle Planas, J.Bay, P. Berlatzky, A. Berni, G. Berrier, I. Blumencweig, O. Borda, J. Brito, A. Brizzi, H. Butler, C. R. Cáceres, C. Cañas, O. Capristo, R. Carpani, A. Carreño, L. Centurión, V. Chab, J. Davidovich, M. Davila, E. Deira, D. de la Torre, J. L. de la Vega, J. del Prete, R. del Villano, P. de Simone, J. Dermijián, N. di Benedetto, M. Diomede, F. di Segni, D. di Stefano, J. E. Diz, P. Domínguez Neira, Z. Ducmelic, J.L. Duhalde, A. Fadul, Fernández Muro, R. Forner, V. Forte, L. Gambartes, F. Garavaglia, A. García, N, García Uriburu, O. Gianferro, R. Gómez Cornet, M. Gondler, L. Moreno Gowland, A. Greco, S. Grilo, B. Guido, A. Hlito, A. Irureta, L.B. Juárez, K. Kemble, A. Laurense, E. Linares, J. López Anaya, O. López, M. Loza, R. Lozza, R. Maccio, E. MacEntyre, V. R. Machado, F. Martino, Suárez Marzal, H.B. Mazza, J. Miguens, Juan C. Miraglia, M. Mollari, J. Morana, R. Morón, C. Muchnik, L. F. Noé, M. Ocampo, R. Oneto, A. Orlandi, J. Otero, F. Peralta Ramos, Pérez Celis, E. Pettoruti, O. Pierri, R. Polesello, E, Policastro, L. Presas, M. Pucciarelli, S. Sabsay, K. Sakay, J. M. Sánchez, C. Salgueiro, Luis Seoane, C. Silva, L. E. Spilimbergo, C. Squirru, O. Svanascini, E. Tarasido, C. Testa, G. Thiemer, L. Torres Aguero, Towas, D. Urruchúa, L. Vassena, B. Venier, M. A. Vidal, L. Wells, Yente y otros.  

 


Publicado en revista Arte al Día número 48, Buenos Aires, 1993.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.