Fuga del sistema: libertad incondicional

Jorge Barón Biza | 30 de Agosto de 2001|


La Freedom Ship (Barco de la libertad) es una nave extraña. Su casco fue el de un enorme petrolero, pero su estructura sobre cubierta se parece más a Manhattan que a un crucero de placer. Un grupo de financistas noruegos proyecta con él la gran fuga del Estado.

Inspirado en aventuras parecidas pero menores, como los barcos en los que se apostaban radios comerciales clandestinas, anclará y navegará en aguas extraterritoriales poco profundas como el mar Báltico, y en sus oficinas y locales todo estará permitido salvo la violencia. Una tentación para los que se fugan del sistema haciendo negocios.

En la Alta Provenza, Francia, Longo Maï es una comunidad agrícola artesanal, casi la única institución que sobrevive del espíritu del mayo del 68.l Habitada por individualistas disconformes, más todo el espectro de marxistas decepcionados, neoburgueses y jóvenes sin ningún interés por la ideología, propone mantener un estilo de vida en el que haya un equilibrio entre la vida sedentaria y el nomadismo. Es la fuga del sistema sin tocar la plata.

En la Argentina también hubo un proyecto antiestatista original y poco estudiado como proyecto alternativo. Los arrendatarios rurales eran, en la primera mitad del siglo 20, italianos o rusos que venían de vivir en condiciones durísimas. Tenían el espíritu anticonsumista de los nómadas, que cuanto menos llevan encima más rápido marchan. Esto pervivió en los que se convirtieron en propietarios: el orgullo del chacarero era comprar el mínimo posible, todo se producía en la chacra: alimentos, medicinas, ropa, alpargatas…

No podían evitar, sin embargo, gastar en maquinarias, aunque fuese un arado Deering N 11 tirado a caballos. Con este instrumento se animaban a arar hasta dos mil hectáreas por año. Pero la globalización también los alcanzó, hace más de 50 años. La crisis de exportaciones por la Segunda Guerra Mundial, la obsesión industrialista de los políticos entre 1940 y 1960, las presiones terratenientes y otros factores barrieron con ellos. Era la fuga del Estado por la abstención del consumo.

Todos estos grupos tienen en común, aun sin saberlo, su espíritu libertario. Esta palabra, que en el pasado fue sinónimo de anarquismo, tiene cada vez más un sentido amplio que incluye no sólo a los anarcosindicalistas, activos desde 1870 hasta 1940, sino también a teóricos tan sorprendentes como los libertario-capitalistas.

 

Huida por el exceso

La nave Freedom Ship no está sola. La acompañan en sus ideas o negación de ideales Oceanía, atolón en el Pacífico; Camino awdal, en una remota zona de Somalía y Ciudad Laissez Faire. La inspiración proviene de los libertario capitalistas, grupo ideológico extremista del liberalismo. Los títulos de sus libros los definen: Defender lo indefendible o Privaticemos el claro de luna.

El detonante fue la guerra de Vietnam, presentada por los libertario capitalistas como ejemplo de estatismo fundado en guerra. Se expandieron con la caída del muro de Berlín. Las crisis de los estados nacionales en todo el mundo hicieron el resto. Su objetivo, terminar con todas las normas, salvo algunas contra la violencia, aplicadas por derecho consuetudinario, Sueñan con un mundo sin fronteras, donde cada uno pueda contratar tribunales o policías privadas y el mercado establezca cuáles son las instituciones que merecen existir.

Hay un gran abismo entre la crítica al llamado Estado de Bienestar y las posiciones libertario capitalistas, que proponen la privatización de la justicia, la moneda, la liberalización de los tráficos de armas y drogas, la prostitución.

Contradictoriamente, estos libertarios son muy conservadores en materia de cultura y viven con fuertes convicciones morales. Pero defienden a ultranza sus derechos naturales. “A ultranza” no es una exageración: el mayor atentado político en Estados Unidos provino de esos grupos. Su mano armada fue Timothy Mc Veig y su objetivo fue un edificio de gobierno: el saldo, más de 150 muertos.

 

Nomadismo

Longo Maï creció con los años. Ahora es un archipiélago con sedes en Francia, Suiza, Alemania, Austria y Costa Rica. Esta multiplicación de sedes es importante para la ideología del grupo, que tiene como uno de sus fundamentos el nomadismo, como los chacareros sin tierra. Pero, como ocurre hoy con las tendencias contestarías que sobreviven, han debido adaptarse a la globalización.

En lugar de un nomadismo que se pasee por el  mundo ancho y ajeno, proponen uno limitado a sus propios dominios, donde pueden practicar sus principios mientras los representantes de las comunas hacen negocios en el “exterior” por medio de los productos agrícolas de Longo Maï y sus colonias satélites.

Algunos bancos europeos pagan el experimento, seguros de no perder mucha plata y de contar con un microscopio de experimentación económica perfecto.

 

Adiós a las mayorías

En el “taco” de la bota de Italia, cerca de Brindisi, está la comuna anárquica de Urupia, también financiada por un banco alemán interesado en lo que llaman ”el producto ético”.

Las bases de la comuna son: el respeto de la voluntad individual, la ausencia de propiedad privada, democracia directa y un trasfondo de unidad de pensamiento y sentimiento. Pero el principio teórico clave es el abandono del principio de mayoría por el de consenso unánime sobre cualquier decisión.

Formada por miembros desencantados de otras comunas y gente que proviene de la bohemia ciudadana, como actores, músicos y artistas plásticos, los urupianos están convencidos de que el principio de unanimidad es profundamente educativo y obliga a la discusión hasta las últimas instancias.

Claro que este principio tiene espacio reducido: la granja posee 23 hectáreas, no muy fértiles. Pero hacia fuera, la comunidad adopta incluso una forma jurídica y sostiene relaciones con los campesinos meridionales italianos vecinos. Como todos estos proyectos, su alcance es limitado y fracasa cualquier intento de aplicarlos a las estructuras masivas de las sociedades contemporáneas.

Los habitantes de Urupia rechazan el principio de división del trabajo. Todos hacen todo. Se forman los grupos en función de las tareas y se disuelven una vez que se ha cumplido. Como la especialización es inevitable, muchos trabajos son contratados afuera y la comuna resulta inviable desde la economía.

 

Bose: el monasterio mixto

En el Piemonte, Bose es una comunidad que se dice de tradición cristiana. En realidad, no sólo practica la “fuga del mundo”, sino también la fuga de la Iglesia y ha despertado muchas críticas teológicas. Ponen el acento en la vida comunitaria, la hospitalidad, la obediencia recíproca sin superiores, el retorno a las fuentes descriptas en los Actos de los Apóstoles.

En Bose conviven hombres y mujeres. Esta práctica se extiende a la fundación del grupo en 1968. “La experiencia de estos año –cuenta uno de los miembros- nos dice que no es más difícil lograr la castidad viviendo juntos en lugar de hacerlo separados: podemos ayudarnos tanto psicológica como humanamente para lograr una plenitud que quizá la comunidad monosexual no logra”.

Otra de las características de Bose es su dedicación a la cultura. Retomando la tradición medieval, traducen libros escritos en lenguas olvidadas o exóticas, realizan encuentros con intelectuales y artistas, escriben ellos mismos libros y artículos. A las clásicas actividades de oración y meditación, agregan una inquieta vida intelectual fundada en el principio dostoievskiano de que “sólo la belleza salvará al mundo”.

Sin embargo, también en Bose existe la ósmosis entre el desierto y la ciudad. Las relaciones del monasterio con Turín y otras ciudades populosas no se reducen al intercambio intelectual. Muchas de las necesidades materiales de la comunidad son provistas por el mundo moderno.

 

Caminos difíciles

Todas estas experiencias, incluso la de los neolibertarios de mundo de los negocios, tienen un aire a irrealidad romántica. Las que más tiempo subsisten son las que han conciliado sus principios otrora inflexibles a las nuevas condiciones. Pero incluso en estos casos, no es una subsistencia plenamente autónoma. Siempre hay alguna fuente que emparcha el déficit, alguna empresa o institución de investigación interesada en estudiar las consecuencias de estos modos de vida alternativos, y de los cuales se pueden aprender muchas cosas.

Pero la lección principal es comprobar el peso de las estructuras que predominan en la actualidad. La verdadera sorpresa consiste en comprobar que estas estructuras son quizá la única posibilidad anárquica realizable. Sin saberlo, practican muchas de las propuestas de Max Stirner, el filósofo del siglo 19 que proponía como única realidad el ego y que las cosas tienen valor sólo en la medida que sirvan al ego. Las ideas que escapan al control del ego se convierten en “ideales”, que a su vez se convierten en amenazas. Curiosamente, Stirner no es mencionado hoy como uno de los abuelos de la posmodernidad.

Desde la aparición efectiva de la globalización, los intentos de salirse de ella despiertan mucho interés, pero es un interés con algo de simpatía por lo imposible.

Por otra parte, el conglomerado y suma de ideas que giran en torno a estas actitudes es tan heterogéneo que difícilmente puedan concretar en algo más que oponerse al sistema, tal como se vio en Seattle y Génova. Elementos de anarquismo socialista, cristianismo tolstoiano, psiquiatrías alternativas, neobudismo y neoguevarismo son los ingredientes de un plato cocido al fuego de lo espontáneo y la flexibilidad teórica, dos de los puntos insistentes de estos grupos. Salirse del sistema no es fácil, pero salirse y mantener a la vez una identidad definida, parece por ahora imposible.


Fuga del sistema: libertad incondicional. La Voz del Interior, Córdoba, 30 de agosto de 2001.

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